Reconstitución
En pocas palabras La reconstitución es volver a disolver un péptido liofilizado en un disolvente. De la relación entre la cantidad pesada y el volumen resulta la concentración de la disolución preparada.
Lo habitual es el agua bacteriostática y, en péptidos poco solubles, un ácido diluido. El disolvente se añade despacio por la pared del vidrio, no en chorro sobre el polvo; después se deja girar el vial en lugar de agitarlo.
Del cálculo se encarga la calculadora de reconstitución: entran la cantidad pesada y el volumen, y salen la concentración, el volumen por alícuota y el número de extracciones.
Tras la disolución, la conservación cambia por completo. La mercancía disuelta se guarda en frío, a oscuras y en porciones pequeñas.
El procedimiento con el vial tiene poco de espectacular y aun así es propenso al error. Llevar ambos recipientes a temperatura ambiente, limpiar los septos, dejar que el disolvente baje por la pared del vidrio en lugar de lanzarlo directamente sobre el polvo, y no agitar, sino hacer girar con cuidado.
Después conviene mirar la disolución al trasluz: debe quedar transparente. La turbidez, los hilos o las partículas visibles desaconsejan seguir trabajando, porque entonces cada extracción toma una cantidad distinta.
Qué disolvente corresponde consta en la especificación de la sustancia; qué concentración resulta lo calcula la calculadora de reconstitución.