Solubilidad
En pocas palabras La solubilidad describe lo bien que una sustancia se reparte en un disolvente. En los péptidos depende sobre todo de las cadenas laterales de los aminoácidos y del pH.
Los péptidos con muchas cadenas laterales cargadas suelen disolverse bien en agua. Los péptidos con muchas cadenas laterales que rehúyen el agua se disuelven peor y necesitan un medio ácido o básico.
Si tras girar el vial con paciencia queda un resto sin disolver, eso apunta a un péptido poco soluble en agua. Agitar con fuerza no ayuda; al contrario, castiga la sustancia.
La clave es la carga neta. Un péptido se disuelve peor justo donde sus cargas positivas y negativas se compensan, es decir, en el punto isoeléctrico. Si se desplaza el pH lejos de ahí, las moléculas se repelen entre sí y entran en disolución con más facilidad.
De ahí sale una regla sencilla: preparar las secuencias básicas en medio ácido y las ácidas en medio ligeramente básico. Para el primer caso la vía habitual es el ácido acético diluido, que figura en el catálogo bajo material de laboratorio; los disolventes orgánicos son el último recurso y la peor elección cuando hay cisteína o metionina en la secuencia.
Si una disolución queda turbia o muestra hilos, es motivo para no seguir trabajando: material sin disolver en suspensión significa que cada extracción toma una cantidad distinta.